sábado, 25 de abril de 2009

ISAÍAS


Conocí a Isaías en un bar de Peñafiel llamado el Chicopa.

- Hace 50 años dejé de fumar en este mismo bar, delante del médico del pueblo. Los médicos dicen que es mejor dejarlo poco a poco, pero eso no es dejar de fumar, es fumar menos.

Decía con su mirada velada y viva mientras una sonrisa pícara asomaba a sus labios.

- Es que soy genético, por eso casi no veo.

Mientras yo sentía que algo se me perdía en aquella frase, que no lograba comprender del todo.

Pero Isaías tenía mucho más que contar que sus historias con el tabaco y su pérdida de visión. Lo intuí enseguida porque, como en los cuadros de Bacon, sus ojos miraban hacia el vacío buscando algo que se escondía dentro, en el pasado de sus recuerdos.

- En el 36 yo tenía 8 años. En Peñafiel teníamos el mejor alcalde que ha habido nunca, ya por entonces instaló todo el alcantarillado en el pueblo, cuando no lo tenía ningún otro en la zona. Fíjate que fui yo mismo a instalar el alcantarillado en Cuellar cuando ya estaba casado y con hijos. Pero vinieron los nacionales y lo acusaron de Rojo y ahí mismo en la plaza del pueblo ví como lo acribillaban a balazos. El mejor alcalde que hemos tenído nunca, un hombre bueno. No hemos vuelto a tener a nadie así desde entonces. Se llamaba Celestino Velasco, un hombre bueno.

Repetía aquella cantinela como el estribillo de un panegírico, jamás recitado, “un hombre bueno”, y volvía a perderse en algún recuerdo mientra bebía pausadamente su Ribera.

Pero no es Isaías un hombre melancólico atormentado por la España terrible que le tocó vivir, Isaías se enfrenta a la vida con esa sonrisa eterna dibujada en los labios. Su padre era dueño de una cantina y el privilegio de estar al alcance de todos los chimorreos, historias y confidencias que animados por el alcohol conforman la geografía de estos lugares, le permitió aprovechar cada oportunidad que le brindaba la vida para despistar la falta de medios, el hambre y la desesperación. Aquel ambiente le hizo un niño extrovertido, buen conversador y listo. Isaías era querido por todos.

Comenzó a fumar también con 8 años, los soldados alemanes (miembros de la primera fase del apoyo de Hitler al bando nacional) e italianos (soldados fascistas italianos enviados por Benito Mussolini con el mismo propósito) en lugar de dinero, les daban cajetillas de tabaco a los chavales, por hacerles recados. El padre de Isaías era un fumador empedernido (quién no lo era por aquél entonces), pero aquel niño le decía a su padre que no tenía tabaco, porque le daba vergüenza confesar como lo había conseguido.

- Algunas veces se me ablandaba el corazón y le daba una cajetilla.

Decía, ahora sí, con una mirada melancólica.

Vivió mucho más, la construcción del metro de Barcelona, la vuelta a Peñafiel por la enfermedad de su padre, las novelas del oeste que devoraba cada tarde, los sueños de ser escritor.

- Mi profesor me decía que tenía una caligrafía de escribano.

- Isaías usted podría haber sido escritor con todas esas historias y su amor por la literatura.

Y en ese momento comprendías que, sin querer, aquella frase pronunciada con la intención de ser un elogio, se convertía en estocada doliente, porque ya era tarde, porque era genético y ya no veía. Era un Borges ciego, tardío y sin secretaria.

Y así volví a Madrid, emocionada por aquella tierra, por aquel hombre, por Celestino Velasco y su muerte muda. Y pensé en cuantas historias mudas quedarían en España, y sentí un pena inmensa al pensar que nadie conocería a Isaías, que seguiría yendo cada tarde al Chicopa, pasando desapercibido entre la multitud.

Y con esta obsesión, me lancé a una búsqueda desenfrenada de aquel pasado para dar un sentido a aquella vida, o era a mi vida. Comencé a buscar en las hemerotecas algún rastro de Celestino Velasco. Necesitaba demostrarme a mi y al mundo que la historia de Isaías era cierta, que Isaías era real, que la muerte de Celestino Velasco era un secreto a voces.

Pasaba hojas y hojas de periódico buscando aquel apellido, Velasco, y alguna conexión con aquél lugar, Peñafiel. Mi ojos enfebrecidos por el cansancio y la atención, recorrían columnas de grafías negras, líneas interminables, mares de letras. Y nada.

Hasta que de pronto, allí estaba. Una hoja de periódico del Diario la Vanguardia del 5 de Septiembre de 1936, página 9.

Y entonces en mi cara se dibujó una sonrisa eterna, porque tengo historia, porque se quien soy, porque a pesar del tenaz empeño de arrebatárnosla durante años, no me la han quitado.

Gracias Isaías.





1 comentario:

  1. LA HEMEROTECA DE LA VANGUARDIA, 127 años de Historia a la vista… un gratuito e interesantísimo servicio si ese periódico no hubiera servido desde Alfonso XIII a Franco SUPEDITANDO LA VERDAD a los intereses financieros de sus dueños (CONDES DE GODÓ por graciosa concesión del Rey), y por tanto a políticos, financieros, publicidad, subvenciones… practicando el noble arte del funámbulo con CAMBIO DE CAMISA, sin duda la única fórmula de tan larga y única supervivencia en Barcelona.


    LA VANGUARDIA,
    los Jiménez de Parga y los De la Rosa.

    Rafael del Barco Carreras

    ... Lo sucedido lo he contado, por activa y por pasiva, pero a diario revolviendo papeles de entonces se me ocurren detalles, y una simple noticia descubierta en una de mis viejas carpetas, me obliga a más reflexiones. Ver en www.lagrancorrupcion.blogspot.com el PAIS 15 de Mayo de 1980. Y amplío el porqué LA VANGUARDIA publicaba poco o nada sobre el caso económico más importante en Barcelona desde MATESA. Es de tener en cuenta que La Vanguardia era entonces el primer, indiscutido e indiscutible fabricante de OPINIÓN PÚBLICA en Barcelona.

    Que los Godó fueran vecinos y amigos de los De la Rosa, no era suficiente para encubrirlos. Que los inundaran de publicidad y créditos a través del Banco Garriga Nogués, me cuadraba más. Pero si además fueran tan culpables como yo, que después de tres años encarcelado me condenan por "encubrimiento por conocer la procedencia ilícita de los dineros de Antonio de la Rosa…", y por toda prueba aparecen unas sociedades (de las varias decenas registradas) donde en SOLO UNA figura Antonio, al igual que el otro encarcelado y condenado Fernando Serena, su socio en Automóviles Serena… por la misma regla de tres también el Conde de Godó era SOCIO de Antonio de la Rosa Vázquez, o sea, posible "encubridor". Y lo sabía bien su periodista estrella en temas financieros, Feliciano Baratech (que personalmente me conocía) a "sueldo en negro" de Javier de la Rosa.

    Hay más consideraciones, el Bufete Jiménez de Parga, acusador por el Ayuntamiento, abogado de La Vanguardia (con la que terminará mal) y del Banesto, propietario del Garriga Nogués (juicio actual por sus relaciones con el juez Pascual Estevill, mi entonces nefasto abogado)… un monumento a la ÉTICA…

    Y los "talonarios firmados en blanco", que cita EL PAIS y calla LA VANGUARDIA, se hallaron en el Consorcio, a mano de los hijos de Antonio de la Rosa, la hija su secretaria y el hijo jefe del Departamento Técnico… y hasta el infinito de "casualidades"… que por los visto las sabía el TODO BARCELONA, del que yo no formaba parte… de esas casualidades que se transforman en pruebas si un interesado juez de instrucción y abogados "defensores y acusadores" se ponen de acuerdo…

    Y HABÍAN DESAPARECIDO desde 1974 al 79 UN MÍNIMO DE 10.000 MILLONES… no 1.100… Y DEL BANCO GARRIGA NOGUÉS 100.000 MILLONES…astronómica cifra entonces.

    ResponderEliminar